El retorno de Fidel: de entrada, ¡no es bienvenido!

¡Imposible olvidar agravios saqueos y herencias malditas!

Fidel, Fidel, qué tiene Fidel… que los veracruzanos no pueden con él.

Producto o no de las inacabadas venganzas de Miguel Angel Yunes Linares, el regreso del exgobernador Fidel Herrera, quesque para su defensa jurídica, más que concitar el aplauso y bienvenida al nuevo mesías, representa el retorno a la memoria de las peores páginas que ha vivido Veracruz en el último siglo.

Fidel, quien encarna a uno de los dos peores gobernadores que ha tenido la entidad, tras su tan publicitado regreso, recuerda a millones de veracruzanos que él fue quien abrió la plaza a los Zetas.

Nos pone en vigencia que fue quien nos legó una generación de jóvenes políticos plagados por la corrupción y que persiste en el ánimo ciudadano la duda de dónde quedaron los 10 mil millones de pesos que días antes del fin de su mandato le autorizó el Congreso y que nunca se supo su destino.

Fidel, Fidel, qué tiene Fidel… que los veracruzanos no pueden con él.

En la sumatoria no pasa desapercibido la incógnita de donde paró el dinero de la obra pública sexenal, los ignominiosos puentes y libramientos inconclusos.

Dónde  lo que se embolsaron sus socios, aliados y cómplices. Dónde el origen de Odebrech.

A poco cree el señor de Nopaltepec que ya se nos olvidó el desvío de 3 mil millones de pesos para la construcción del Túnel Sumergido de Coatzacoalcos que por estas fechas alcanza los cinco mil millones.

Y a lo mejor la libra con el tema del agua pintada para niños con cáncer por la torpeza de quienes adelantaron a los medios la nota antes de concluir la investigación, pero no se pueden ocultar los feminicidios ocurridos en su sexenio, los casi 900 desaparecidos en su mandato… y su obra cumbre, la herencia maldita, Javier Duarte.

Fidel, Fidel, qué tiene Fidel… que los veracruzanos no pueden con él.

Tal vez si se hubiera ido con todo ese dinero mal habido que atesoró por la vía del moche, de la sustracción del dinero federal, el desvío de programas sociales, las empresas fantasmas –que también la hubo en aquella época- y su mal gobierno que solo empobreció más a Veracruz, tal vez alguien se la hubiera perdonado.

Tal vez por la vía del olvido hubiera dado lugar a la condena histórica de un mal gobierno plagado por la corrupción y no más.

Tal vez los 22 mil millones de pesos en deuda pública que nos dejó  hubieran quedado escondidos de la mirada pública, al igual que los 26 mil millones de pesos que quedó a deber a empresarios, prestadores de servicios y constructores…

Pero, ¿Dejarnos a Duarte?

Fidel, Fidel, qué tiene Fidel… que los veracruzanos no pueden con él.

Por todo ello y la sumatoria de las raterías bien vale la pena se revivan los pendientes, los pendientes judiciales, políticos y sociales.

Ello además porque hay sobrados que piensan que el retorno de este personaje traerá unidad a Veracruz. Hay quien apuesta que en el diferendo con Yunes Linares “pa´que la cuña apriete debe ser del mismo palo”. Hay quien jura que ¡ora sí ya tenemos quien nos defienda!..

Los hay también que esperan suceda la magia y el PRI reviva con una respiración boca a boca de parte de los mercenarios del Partido Verde y los ilusos que juran por ésta que estamos en las puertas del retorno triunfal de la Fidelidad.

Fidel, Fidel, qué tiene Fidel… que los veracruzanos no pueden con él.

Y es que, en efecto, este nefasto político tiene sus simpatizantes –a los que paga y prohíja-; que tiene el billete para meterle ruido al proceso electoral e incluso para rescatar una que otra plaza y heredarle al crio, pero cuidado.

El tema Fidel Herrera es algo más que político.

Es un asunto de carácter penal. Son delitos fiscales que no han prescrito. Son denuncias que tiene la PGR archivadas pero no desaparecidas y son venganzas de Miguel Angel que habrá de sustentar jurídicamente su Fiscalía dispuesta a encarcelar y después averiguar.

No es tan fácil que arranque giras y recorridos proselitistas. Tampoco que camine por las plazas pública y por esta capital mentándole la madre al gobernador.

Los tiempos han cambiado.

Las alianzas y acuerdos a nivel federal han hecho necesaria la concerta-cesión con las entidades de la república en aras de la unidad en donde resultará imposible abrir nuevos frentes.

La política dejó de ser lineal y Veracruz juega un papel relevante en materia de energéticos, inversión privada, exportaciones y apertura de mercados, así como el respeto a la pluralidad política.

Fidel, quien no está precisamente en el ánimo de Peña, podrá venir a defenderse y aclarar delitos, pero difícilmente podrá construir un enclave para recuperar la plaza en donde en el mismo priismo hay nuevos actores, nuevos acuerdos, nuevas alianzas y nuevos compromisos no necesariamente ligados a la Fidelidad, menos al Duartismo.

Renato Alarcón no es el alfil de Fidel.

Responde a un interés priista, al del priismo veracruzano que ya no quiere más de lo mismo, al que observa que el primer domingo de junio volverá a vivir el voto de castigo y que apenas tiene tiempo de conjuntar capitales políticos, traer dinero del centro y apostar por el único prospecto que tiene en este momento que es Pepe Yunes.

Esa es parte de la historia del PRI.

En el otro lado está el pleito histórico con Yunes Linares. Esa necedad que habrá de traducirse en la destrucción del oponente cuando nada debía apartar al gobernante que no fuera entrar al rescate de Veracruz y para el ex regresar al exilio.

En los días, las semanas, los meses por venir habremos de ser testigos de una desagradable lucha estéril, cruel, sin cuartel, con daños colaterales para miles, decenas, cientos de miles de veracruzanos.

Observaremos como Veracruz se parte en dos en una brutal lucha fratricida en donde no habrá vencedores ni vencidos porque incluso si este pleito terminara con la aparición y cárcel de Javier Duarte y de nuevo el exilio o cárcel para Fidel, viviremos en el ojo del huracán de la desgracia, de la insatisfacción social.

Para Fidel, al igual que para Miguel, como decía Juan Montalvo,  la vida es la guerra: peleando vivimos, peleando moriremos, y si fuera por nosotros, la tumba sería un campo de batalla.

Ni hablar.

Cuando se pensaba que ahora sí nos tocaba a los veracruzanos, después de tanta pillería y pérdida inútil de tiempo y esfuerzo, suena la campana del “¡Pelearaaán a dos de tres caídas sin límite de tiempo!”…

Fidel, Fidel, qué tiene Fidel… que los veracruzanos no podemos con él.

Tiempo al tiempo.

 

Por Édgar Hernández *Premio Nacional de Periodismo

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