¡Otra vez la burra al trigo!

  • El presidente de la República y sus habladas.
  • El escándalo de la corrupción de los incorruptibles.
  • El espectáculo de la impartición de justicia.
  • Los dimes y diretes de los candidatos y casi candidatos a los puestos públicos.

Dice el primer mandatario que ningún chile nos embona y cómo va a ser eso posible si nos han metido de todos los chiles habidos y por haber.

El pueblo ya no se traga los cuentos tan fácilmente. Ya no cree en políticos impolutos. Es más, un buen porcentaje de la población asume que son corruptos y algunos hasta esperan la oportunidad de relacionarse con ellos para obtener beneficios económicos y personales durante su gestión e incluso desde las campañas políticas.

Y los políticos lo saben y reparten promesas durante tales campañas y favores durante su gestión con el mismo fin: elaborar intrincados esquemas de desvío de fondos para quedarse con la mayor cantidad posible de los recursos.

El pueblo está hastiado de lo mismo y por eso ya no cree en las promesas de los políticos, aunque algunos todavía piden que cumplan lo que prometen, más como exigencia que como esperanza.

Y ese hastío se manifiesta en forma de apatía, pesimismo y hasta desprecio.

Cuando la población se entera de algún nuevo escándalo de corrupción, como el protagonizado por cierta candidata del partido incorruptible, ya no causa extrañeza, porque confirman que lo que se dice está muy lejos de lo que se hace.

Esta incongruencia que se repite régimen tras régimen está cansando hasta al más optimista. Ya no sirven las campañas mediáticas donde se promueven acciones del gobierno contra los corruptos porque terminan en lo mismo: libertad para los inculpados y un insulto a la inteligencia popular. Un chile más embonado a fuerza.

Y luego, para agravar más la situación, está la muy acentuada sospecha de que las elecciones son una farsa, que no se respeta el voto popular y que las curules se reparten desde las cúpulas políticas y empresariales.

No se puede probar que sea verdad, pero se notan inmediatamente las manipulaciones para allanar el camino a ciertos candidatos, aunque estén involucrados en investigaciones y procesos judiciales, por lo que las impugnaciones, reclamos, manifestaciones y demás argumentos no prosperan.

Este es el panorama que enfrentan los candidatos: votantes que no creen en ningún partido ni en ningún candidato, que esperan corrupción, nepotismo, prepotencia y desinterés pero que sienten que tienen que salir a votar porque es su obligación ciudadana. Y que estando frente la boleta de elección probablemente marquen su voto dejando salir las emociones listadas arriba.

No quiero pensar en las posibles consecuencias sociales que se tendrían si el siguiente gobernante resulta igual o peor que los anteriores.

Luciano García

Twitter: Luciano__Garcia

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