¡Te volaste la barda, carnal!

Por Luciano García foropozarica.com

Donal J. Trump llegó a la Casa Blanca el 20 de enero de 2017 como resultado de una agresiva campaña mediática en la cual enfatiza la renegociación de las relaciones entre Estados Unidos y China y los acuerdos de libre comercio como el TLCAN y la Asociación Transpacífica, la aplicación de las leyes de inmigración y la construcción de un nuevo muro a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México. Sus otras posiciones incluyen obtener la independencia energética mientras se opone a las regulaciones del cambio climático como el Plan de Energía Limpia y el Acuerdo de París, la reforma de los asuntos de los veteranos y la sustitución de la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible al mismo tiempo que se reducen los impuestos en general y se imponen aranceles a las importaciones a empresas offshoring de empleos (subcontratación internacional también llamado maquila). Aboga por un enfoque no intervencionista en la política exterior, al tiempo que incrementa el gasto militar, las “investigaciones extremas” sobre inmigrantes musulmanes para evitar el terrorismo islámico y una acción militar agresiva contra ISIS. Tales posiciones han sido descritas por eruditos y comentaristas como populistas, proteccionistas y nacionalistas.

Trump, a sus 70 años, se convirtió en la persona con mayor edad y riqueza en asumir la presidencia, la primera sin servicio militar ni cargo político ejercido anteriormente, y la quinta en haber perdido la elección por voto popular, situación que no fue suficiente para darle el triunfo a su oponente, Hillary Clinton, debido a la forma como se efectúan las elecciones en Estados Unidos de Norteamérica.

En realidad, el presidente y vicepresidente del vecino país es elegido por el Colegio Electoral, que es un conjunto de 538 electores, también elegidos, que se encargan de transmitir el voto popular. Estos electores recogen los resultados de las votaciones y de ahí emiten su voto a favor del candidato que las mayorías eligen. De esta manera, las elecciones presidenciales son el resultado de la suma de 51 votaciones separadas (50 estados más el Distrito de Columbia) en lugar de una sola elección nacional.

Este proceso podría dar pie a pensar en fraudes y manipulaciones, pero asumiendo que esto no sea así, sí da lugar a malas interpretaciones de la voluntad popular, ya que en algunos estados se maneja que el ganador se lleva todos los votos, aun cuando el porcentaje de diferencia sea mínimo. De esta manera fue como Trump obtuvo 306 votos electorales contra 232 de Clinton.

Sin embargo, los resultados de las votaciones populares dieron el triunfo a su opositora por un escasísimo margen de 0.2%, siendo los resultados finales de 47.7% para Clinton contra 47.5% para Trump. Es decir, 62 millones 979 mil 879 personas, prácticamente la mitad, están de acuerdo y creen  que las medidas proteccionistas, nacionalistas y populistas propuestas por Trump son buenas para su país. Y la pregunta es: ¿protegerse de qué? Pero hay otra pregunta todavía más importante: ¿De verdad los norteamericanos necesitan ser protegidos de los mexicanos?

Haciendo a un lado la situación negativa que conlleva la inmigración, tanto legal como ilegal, es evidente que la población mexicana constituye un importante porcentaje de la totalidad en ese país. Estamos hablando de aproximadamente 35 millones de mexicanos, los cuales son, efectivamente, una fuerza laboral y de consumo cada vez más influyente. Con una población total de 318.185 millones de habitantes, los mexicanos representan más del 10%, con todo lo que eso significa.

Entonces la respuesta a la pregunta es un rotundo SI.

Los norteamericanos sí tienen razones para sentirse amenazados por la presencia mexicana en su país. Y no solo por la cantidad sino también por la calidad. Los mexicanos en Estados Unidos han probado ser los mejores trabajadores en todos los ramos, especialmente en las labores agrícolas y la industria de la construcción. Además, han mostrado ser tanto o más inteligentes y dedicados en las cuestiones académicas que los caucásicos, negros o asiáticos, por lo que cada año más mexicanos obtienen títulos universitarios con las posibilidades de mejorar su posición social y económica y por consiguiente, su influencia en el país.

Sí, para Estados Unidos de Norteamérica, los mexicanos legales o ilegales pueden representar una amenaza, un posible poder que lastimaría su orgullo nacionalista y 63 millones de sus habitantes, con miedo en su interior, consideran que deben pararlo.

Pero lejos de amedrentarnos por eso o enojarnos, consideremos que ese poder económico y social puede ser incrementado tanto en Estados Unidos como en México.

Ya ha sido probado que, a pesar de todos los reveses que tengamos, los mexicanos, de una o de otra manera, sorteamos las crisis. Nuestra capacidad de adaptación sobrepasará cualquier medida comercial o económica que nos impongan internacionalmente. El ingenio mexicano ya conocido y reconocido en el mundo, logrará que cada obstáculo que nos pongan enfrente sea superado y aprovechado en nuestro beneficio. Así que, si Donald J. Trump y 63 millones de norteamericanos quieren hacer un muro fronterizo, bienvenido. Si quieren renegociar el TLCAN para frenar el comercio, que lo haga rollito y lo use donde mejor le convenga. Los mexicanos sabemos que no los necesitamos. Al contrario, los otros 63 millones de habitantes, los que votaron por Clinton, saben que sí nos necesitan y esos sí quieren nuestra capacidad laboral y económica en su país. Y si esto logra que los mexicanos en todo el mundo nos unamos más y crezcamos como pueblo, entonces deberemos darle gracias a Trump y a esos millones que lo siguen por hacernos más fuertes como pueblo.

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