¿Y eso con qué se come?

Dicen que a los mexicanos nos hace falta cultura, pero no es verdad.
Lo malo es que no lo dicen los extranjeros sino otros mexicanos.

De acuerdo a la definición de la Real Academia Española, una de las acepciones de la palabra cultura es “conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.”

Sin lugar a dudas la cultura mexicana es extensa, variada y sobre todo, muy presente en la vida cotidiana. Pero si le preguntas a un campesino que se dedica a labrar el campo de sol a sol acerca de su cultura, simplemente no podrá responder, porque sus prioridades son otras y más básicas. Así mismo si se le acusa a un trabajador de la construcción que apenas cursó los primeros años de escuela de ser inculto no podrá rebatir la ofensa por no tener los conocimientos para hacerlo. Esto no significa que exista una falta de cultura. Más bien lo que existe es una falta de consciencia cultural. Porque no es lo mismo vivir en comunidades que practican sus tradiciones, escuchar cuentos milenarios en voz de ancianos, comer alimentos preparados según antiguas recetas servidos en vasijas de barro hechas a mano a vivir en ciudades de tal o cual tamaño, escuchar óperas de Mozart, Vivaldi o Wagner y leer a Platón, Milan Kundera o Franz Kafka. Ambos escenarios son parte de una cultura y no son excluyentes.

Pero existe gente que sí lo excluye y vive pregonando que solo SU cultura es válida, así sea simplemente una pretensión o efectivamente una práctica. Pero los que sí están inmersos en un ambiente cultural por gusto, tradición y decisión tienen el atenuante de que son congruentes: les gusta la ópera y van a conciertos de ópera, les gusta la arqueología y viajan para conocer todas las vestigios que su bolsillo les permita, les gusta la lectura y compran libros de todo tipo de autores y los leen, no solo los coleccionan. Son congruentes aunque desdeñen otros aspectos culturales. Pero los que solo pretenden ser cultos tienen un verdadero problema psicológico.

La cultura se mama, esto es una verdad absoluta. Y se puede ampliar cultivando (otra de las acepciones de la palabra cultura) la sensibilidad por artes, tradiciones, gustos. La lectura de autores clásicos y contemporáneos puede ampliar el criterio con el que juzgamos los acontecimientos diarios. Pero la asimilación de estos conocimientos es lo que expande el acervo cultural personal y se nota en la forma de conducirse.

Sin embargo, esas personas que rechazan su cultura de origen, por así llamarla, y se dedican a acumular estadísticas (leí tantos libros en tal tiempo, visité tales lugares, escuché tales conciertos, asistí a tantos eventos, etc.) con el fin de sustituir su formación primaria, tal vez creyendo que no es válida, no están cultivando su personalidad, no están siendo cultos. Solo están generando un resumen de vida con datos impresionantes, a su punto de vista, con el fin de ser aceptados y alcanzar puestos de dirigencia en ciertos grupos.

En realidad, una persona con estos antecedentes no es capaz de aportar algo nuevo al grupo. Si lo intenta, sus propuestas son trilladas y convencionales y a menos que el grupo esté compuesto por elementos semejantes, en algún momento será rechazado. Y es cuando, en lugar de aceptar su herencia cultural y a partir de ahí engrandecerla con nuevos estudios, se torna beligerante contra los demás y blandiendo espadas obtenidas de libros de superación personal, desvaloriza cualquier expresión popular y expresa que “hace falta cultura en este país”.

No hace falta cultura en México. La tenemos de sobra y hasta para exportar. Lo que hace falta es consciencia. Ser conscientes de nuestras tradiciones, modos de vida y conocimientos nos permite disfrutarlos, sentirlos en el alma pero sobre todo trasmitirlos tanto a extraños como a nuevas generaciones. Hace falta ser conscientes que cultura no es solo Beethoven, vino tinto y filosofía griega. También la música ranchera y la norteña y la marimba, el tequila y el mezcal, Juan Rulfo, Amado Nervo y José Agustín. El “rock” también es cultura. Y el rap y la balada romántica. El mole poblano, el veracruzano y el oaxaqueño. La zona arqueológica del Tajín, de Teotihuacán y la Torre Latinoamericana. El Museo Soumaya y el Parque Cultural Reynosa en fin; Todas son expresiones culturales mexicanas y faltaron muchas por nombrar.

No hace falta cultura en México. Hace falta consciencia y aceptación.

 

Luciano García / columnista de foropozarica.com

Twitter @Luciano__Garcia

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